miércoles, 13 de febrero de 2008

Silla (para tres)


No sé muy bien dónde me estoy metiendo, pienso entre divertido y asustado mientras pulso el timbre del piso en la dirección que llevo anotada. He contestado un anuncio donde pedían un chico, preferiblemente bisexual, que se prestara a la fantasía de ser atado en una silla. Hoy me sentía juguetón y he decidido probar suerte.

La estancia a la que soy conducido es sencilla y acogedora, al igual que la pareja que me recibe. Están en la treintena y son atractivos, me ofrecen una copa y charlamos durante un rato de las cosas que nos gustan. Me hacen sentir cómodo, confiado. Están encantados conmigo, les agrada mi juventud, pues a mis 19 años soy casi un niño para ellos, y también mi aspecto: soy delgado pero no flaco, cabello oscuro y ojos color miel, unos labios carnosos y sensuales, un toque muy femenino en mi cara de crío, apenas tengo vello corporal y soy de estatura media. Así que me proponen que no esperemos más y pasemos a la acción. Yo ya estoy impaciente, mi polla ya está dura de imaginar las cosas que pueden hacerme.

Ella me hace poner en pie y mientras me acaricia suavemente me va quitando la ropa. Completamente desnudo me hace sentar en una silla de madera muy sencilla preparada en el centro del salón, me ata las manos tras el respaldo y cada uno de los tobillos a una de las patas delanteras.
Su mirada tan cercana y prometedora me provoca, el perfume de su piel me incita, me lame la oreja, muerde mi cuello, se aleja de mí y comienza a bailar sensualmente, al ritmo de la música tenue que suena de fondo, desnudándose, sus manos recorriendo la piel que queda al descubierto. Su pareja observa sus movimientos y mis reacciones con unos intensos ojos verdes desde el sofá donde está sentado, mientras se acaricia por dentro del pantalón holgado.

No puedo dejar de mirarla, su piel tan blanca, sus formas tan proporcionadas, la forma en que agita su melena larga y rizada que brilla rojiza bajo la luz, siento el deseo crecer entre mis piernas. Ella se inclina sobre mí y sus dedos caprichosos recorren mis muslos temblorosos en la dirección correcta pero no paran donde yo quiero sino que siguen subiendo por mi vientre, pecho, cuello y se enredan en mi pelo, forzando mi cabeza hacia atrás, dominándome, le ofrezco mi boca sedienta de la suya pero su lengua experta aún me deja con ganas de más.

Su chico se ha quitado ya la camiseta, dejando al descubierto un pecho fuerte cubierto de pelo rizado, se levanta, se acerca hasta ella y la abraza desde atrás, se frota en su culo mientras aferra sus pechos con unas manos grandes y morenas. Me pregunta si me gusta lo que veo, si quiero tenerla, asiento casi sin respiración, él la toca entre las piernas y ella deja caer su cabeza hacia atrás, los ojos cerrados, entregándose, sus delicados quejidos de placer me están volviendo loco. Él acaba de desnudarse, mostrando una buena erección, la obliga a inclinarse sobre mi polla empinada y por fin disfruto del contacto de sus manos, me cubre de saliva, su lengua es muy viciosa.

Él me observa, mi cara congestionda de placer, me explica lo mojada que está, que se la va a clavar toda dentro y por cómo ella gime supongo que ya lo está haciendo. Tengo una visión magnifica de su trasero en pompa y su hombre empujándola, dándole cachetes sonoros en las nalgas, tan cerca y tan inalcanzable para mí, su boca subiendo y bajando rítmicamente, haciéndome perder la cabeza. Quiero cerrar los ojos, dejarme llevar por las sensaciones, pero no quiero dejar de mirar...

Él se coloca ahora a mi espalda y siento su verga empapada en mis manos, yo la sujeto y se la meneo tan hábilmente como las ataduras me permiten. Ella se sienta sobre mí, no puedo evitar un gemido cuando se la introduce en su coño caliente y húmedo y empieza a moverse, mientras observa como él me tira del pelo y me besa apasionadamente. Su mirada traviesa se deleita ante el espectáculo de nuestras bocas unidas y me araña y me folla con más ímpetu. Él la agarra tambien a ella por el pelo caoba y nos obliga a besarnos, cosa que hacemos con ganas, mientras siento como ella me pellizca las tetillas hasta doler. Sus pechos turgentes se agitan ante mis ojos y daría lo que fuera por tener las manos libres para atraparlos y llevarlos a mi boca, lamerlos, morder sus delicados pezones rosados.

Parece como si él me hubiera leído el pensamiento, pues le ordena que me los acerque y ella se pone en pie y atrapando mi cara entre sus manos, me asfixia en su regatera. Yo boqueo intentando pillar algo de carne a un lado y otro, untando sus tetas de saliva. Ella se ríe de mí y me masturba con una mano mientras con la otra se soba, provocadora. Él me sujeta por el cuello, me susurra todo lo que me va a hacer, lo que quiere que le haga a su chica y siento un dedo introducirse en mi ano, lo noto entrar y salir, preparándolo para lo que vendrá luego. Se miran el uno al otro, con deseo y entendimiento, sólo soy un muñeco para su diversión. Y me encanta.

Ella se sienta en el sofá, con las piernas muy abiertas, masturbándose para mí. Él me desata y me arrodillo para hacerle una buena mamada. Su polla es grande, está dura y jugosa y por sus gruñidos sé que lo está disfrutando, al igual que ella, que no pierde detalle con aliento entrecortado y los ojos entornados.
Cuando me lo manda, me acerco a gatas hasta ese coño que me espera bien lubricado y comienzo a chuparlo y a meterle dedos, mientras su chico sigue trabajándose mi culo hasta que casi sin avisar, me la mete. Me invaden oleadas de dolor y placer por partes iguales, pero el placer acaba predominando y me muevo entre los dos.
Ella baja y se acaba de tumbar en el sofá y yo la penetro y con cada embestida de su hombre se la clavo hasta los huevos y ella grita, acariciándonos a los dos a la vez, pidiendo más y más, besando mi boca y luego la de su chico por encima de mi hombro, mientras yo beso su cuello.

Ahora soy yo el que se estira en el sofá, ella se coloca sobre mí y su chico la empala por detrás y mientras nos la follamos a la vez, él me mira con sus increíbles ojos verdes a la vez que muerde el hombro de ella y su mirada me habla de lo que yo le gusto, de lo que le gusta ver a su chica así, perdiendo el control. Ella está en éxtasis, se corre una y otra vez, y no la dejamos parar.

Me hacen poner de rodillas, ella sujeta mi cabeza desde atrás, siento su cuerpo vibrante y sudado a mi espalda, arrodillada tras de mí, su mano derecha sigue jugando con mi polla, quiere tener una buena visión de lo que va a pasar. Él se masturba ante mi cara y cuando su orgasmo llega, me cubre de semen, chorrea por mi cara, lo recibo gustoso en mi boca, no dejo ni una gota en su tranca, yo también me he corrido, mi bajo vientre está pringoso, supongo que el suelo también. Me levanto, nos abrazamos los tres y nos besamos, ha sido genial, me alegro de haber venido.

Me voy cansado pero contento, con promesa de repetir otro día, estoy seguro de eso, mis nuevos amigos son muy imaginativos y viciosos y volverán a utilizarme para sus juegos.

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